Solía tener uno de esos amores inacabados de los que tanto se habla. Bueno, no se hablan; pero se saben. Por ti, por él, y por todo el puto mundo. Todo el mundo tiene su espina clavada tarde o temprano. Incluso podría llamarse rencor en vez de amor. Sea lo que sea, todo el mundo lo tiene. Y si no lo tienen, lo tendrán.
La carta llegó al mediodía.
8 ago 2013
4 ago 2013
Capítulo III, la escalera.
Solíamos usar la escalera para bajar o subir. El ascensor era demasiado lento y creíamos que era una pérdida de tiempo. No mencionábamos que lo fuera el estar interminables horas tirados por cualquier parte, haciendo profusas odas a la Nada, imaginando un futuro lejano que cada día nos apretaba más y más la soga del cuello... No, nada de eso era una pérdida de tiempo. Bajar en ascensor, en cambio, sí.
Vivíamos en la cuarta planta, por lo que no era raro encontrarse con alguno de los vecinos. Cabe mencionar que si nosotros no eramos... respetables, ellos lo eran mucho menos. Aún así, optábamos por un fortuito cruce de miradas, palabras, e hipocridades que tanto acostumbrábamos con cualquier ser humano. Excepto con una persona.
Vivíamos en la cuarta planta, por lo que no era raro encontrarse con alguno de los vecinos. Cabe mencionar que si nosotros no eramos... respetables, ellos lo eran mucho menos. Aún así, optábamos por un fortuito cruce de miradas, palabras, e hipocridades que tanto acostumbrábamos con cualquier ser humano. Excepto con una persona.
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