Me desperté con el ruido de la cisterna. Vi la silueta de Vincent lavándose los dientes y dejando correr el agua del grifo. Yo estaba teniendo uno de mis despertares en el baño, en el suelo, entre el WC y la bañera. Vicent se sentó, comenzó a cagar.
- Debes creerme si te digo que me he enamorado de ella.
- Venga ya, Vincent.
- Para ti todo es más fácil, tienes a Carol siempre ahí.
- No digas tonterías.
Me levanté del suelo, y me metí en la bañera, que estaba aún con agua del día anterior. O de hace una semana.
- Ya ni te quitas la ropa para lavarte.
- No quiero lavarme.
- Sucio desafortunado. La quiero y la necesito cada noche.
- Bueno, se habrá ido hace solo un momento, no veo porqué estás tan triste.
- Porque no sé si vendrá esta noche.
- ¡Vamos Vincent, por favor! ¡Solo es una puta más!
- No hables así de ella.
- ¡Oh! ¿Y cómo quieres que hable de ella? Si tuviera tan solo un poco de dinero me querría lo mismo que a ti.
- Te digo que te calles.
- Está bien.
Hubo un largo silencio. El agua de la bañera era más que gris, y no escuchaba a Vincent cagar. Una mosca entró en la casa. Un rayo de Sol dejó de brillar.
- Creo que no la llamaré esta noche, así me querrá más mañana.
- Vincent, te lo pido por favor.
- ¿Acaso tienes envidia?
- En absoluto.
- Tienes a Carol.
- Sí.
Vincent se levantó. No tiró de la cadena. Cerró la puerta. Yo me quedé allí un rato más, flotando en agua turbia. A los pocos minutos decidí salir de allí. Vincent no estaba en la casa. Se había ido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario