— Lou arriba. Hoy es viernes y me tienes que ayudar con el reparto.
— ¿C...cómo? ¿Otra vez?
— Sí, así que mueve tu culo de ahí y vístete. No te vendría mal tampoco una ducha— dijo mientras recogía la ropa del suelo.
— Dame un respiro.
Era cierto que apestaba. No importa. Cojo una camisa nueva y la incorporo a mi personalidad.
— Lou no me jodas, ¿otra vez esa camisa?
— ¿Qué le pasa?
— Que es gris.
— ¿Y qué? ¿Acaso el gris no forma parte de nuestras incoloras vidas?
— Sí, pero es que cuando la compraste era blanca.
— ¡Bah...! Qué sabrás tú.
Llegamos a la misma hora de siempre. Tarde. En mi reloj había dos horas: dormir y tarde. Y siempre llegaba tarde. Incluso a dormir. Vincent se acostumbró, Rick, el que atendía las llamadas, se acostumbró, la limpiadora se acostumbró, el jefe se acostumbró. ¿Qué más daría?